Adopción homoparental: Implicaciones psicológicas y emocionales para los niños

Adopción homoparental: Implicaciones psicológicas y emocionales para los niños

Las opiniones de los expertos sobre qué tanto beneficia a los niños la adopción homoparental se polarizan hasta niveles radicales, porque lo mismo hay estudios que muestran mayores índices de abuso sexual en familias heterosexuales, que de adultos con padres homosexuales que advierten de los peligros que esto implica.

En el Distrito Federal, las parejas gay ya pueden adoptar niños, sólo falta que se publique el reglamento. Con esta reforma a la ley, el desarrollo social y emocional de los niños adoptados por homosexuales será la parte más alterada.

Adopción homoparental: Implicaciones psicológicas y emocionales para los niños

Y es que México no se caracteriza por ser un país incluyente, posee una sociedad que discrimina y que sustenta buena parte de su moral en prejuicios. Estos valores se han transmitido de generación en generación y no hay visos de cambio.

Si un niño tiene padres que vendan ropa en un tianguis, es etiquetado por sus compañeros de escuela. La presión de lo que es socialmente aceptado es enorme.

Por este motivo, la reforma al artículo 391 del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal causa molestia y radicaliza las opiniones de los grupos más conservadores.

“Para aprobar esta ley, se debieron hacer análisis sobre la madurez social de la población mexicana, en marcos de referencia que tuvieran que ver solamente con el contexto de nuestro país”, opina José de Jesús González Silva, adscrito al departamento de Trabajo Social del Hospital Psiquiátrico Infantil Juan N. Navarro.

Esto a propósito de la declaración de la diputada Marisela Contreras Julián, presidenta de la Comisión de Salud y Asistencia Social de la Asamblea Legislativa del Distrito Federa, quién explicó a NS que esta ley se aprobó con base en las experiencias que se han vivido en Europa, donde ya se puede adoptar bajo estas condiciones.

José de Jesús revira: “Quienes dicen que en Suecia están muy avanzados en este tema es porque allá tienen otra cultura, son escandinavos y son otras sus raíces. Aquí habrá que ver qué pasa cuando un niño diga que tiene dos papás”.

El trabajador social advierte también sobre los extremos a los que llegan los niños por falta de integración a su entorno: “Aquí han llegado muchos niños que por ser objeto de burla, de acoso escolar (por cualquier motivo), tienen tendencias suicidas, sobre todo las niñas. Otros signos cuando un niño no está socialmente adaptado son: ansiedad, depresión y agresividad en algunos”.

Para la doctora Alejandra Salguero Velázquez, investigadora de la Unidad de Investigación Interdisciplinaria en Ciencias de la Salud y de la Educación, de la FES Iztacala, no se pueden soslayar los retos que enfrentarán los niños de familias homosexuales. “La presión social es muy fuerte. No obstante, este escenario servirá para formar niños más fuertes, que sepan enfrentar la adversidad y la discriminación del otro, que lo ve como extranjero”.

Necesaria, afinidad de género

Pero la segregación no es lo único factor que podría verse afectado con este nuevo esquema familiar. La formación integral como persona, según José de Jesús, se logra únicamente con la presencia de las dos figuras, la paterna y la materna, porque “si alguna está ausente, no hay afinidad de género”, precisa.

Laura Eulalia Torres González, psicóloga adscrita al Departamento de Psicología de la Facultad de Estudios Profesionales Iztacala, refuerza esta postura: “Cada uno aporta diferentes cosas. La mujer apoya mucho en cuanto a la comprensión y protección: fomenta el ‘apapacho’. Por su parte, los varones fortalecen los retos”.

“Dichas opiniones están dadas bajo una perspectiva biologicista”, a decir de Salguero Velázquez. “Esta teoría supone que el comportamiento y la emoción están anclados a una parte del cuerpo que tiene que ver justamente con la parte biológica, pero los estudios sobre la crianza han mostrado que éste es un proceso social y cultural en el que intervienen varios factores.”

La especialista asegura que es una declaración falsa decir que los padres determinan la personalidad. “El niño se enfrenta a una serie de modelos en el proceso de crianza, como los abuelos, los hermanos, los medios de comunicación, los amigos, la escuela. Todos intervienen en el proceso de construcción”.

“Entonces, si no está presente la figura materna, eso no implica que el niño o la niña no desarrolle la parte afectiva o la parte emocional, por ejemplo. En estas familias, como en cualquier otra, se tendrán que negociar las formas de relación, y es en este sentido que el niño aprenderá a mostrar afectivamente sus emociones o silenciarlas”.

Sin influencia sobre la identidad sexual

Sobre el tema de qué tanto influenciará un ambiente gay en la orientación sexual del niño, la doctora es tajante: “No influye en la identidad sexual; es una característica que se define a través de un proceso de construcción en donde la persona elige y no decide a partir de los modelos familiares. Un niño con una relación afectiva en una familia donde están dos papás puede construir una identidad heterosexual”.

“Se han hecho estudios longitudinales de más de 15 años, donde se filmaron las interacciones a nivel familiar con los niños y en los ámbitos de educación, y estos niños no se han asumido como homosexuales. Pero al final eso es lo que menos importa. El problema es que nos dividamos entre quien es gay y quien es heterosexual, y esto tiene que ver con el modelo normativo”, opina la también socióloga.

“La normatividad dice que para que pueda consolidarse una familia, debe conformarse por un hombre y una mujer; está en la Constitución, en la Biblia. Pero las familias no están predeterminadas, las familias se van construyendo poco a poco, en la cotidianidad, a partir del proceso de negociación con el otro, sea hombre o mujer”, destaca la investigadora.

“Quienes transgreden la norma son, sobre todo, las parejas de hombres, pues no sólo quebrantan el modelo heterosexual institucionalmente instaurado, sino además rompen con otro estereotipo que dice que los hombres no se pueden hacer cargo de la crianza de los niños, que eso les corresponde a las mujeres. Es una doble confrontación social”, afirma Salguero.

“Lo cierto es que la crianza está considerada como un proceso histórico, social y cultual. No importa el sexo de quien lo determine o de quien lo lleve a cabo, puede ser un hombre, una mamá, dos papás, dos mamás, una mamá y un papá. La manera en que se construye la relación con ese niño o niña va a estar determinada por las condiciones que ellos van a ir elaborando como familia”, enfatiza.

Desechan el mito del abuso

Uno de los mitos que provocan más inquietud es el que los padres gay pueden abusar sexualmente del menor, argumento que la investigadora rebate: “Debemos desmitificar esos pensamientos. La idea de perversión implica la transgresión de la norma, y esto viene desde un discurso religioso, que después se va a al espacio médico y desde el espacio médico se retoma como un constructo para poder decir: ‘las parejas gay son perversas’”.

“Éste es un discurso que tiene que ver más con una construcción histórica, desde un hábito que dice que lo que es sano es lo heterosexual; lo que es perverso, malévolo, lo que no es equiparable a esta noción de heterosexualidad desde la normatividad es la homosexualidad”, explica.

Estudios realizados en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNAM, en los centros de investigación social y particularmente desde los estudios de identidad de género, echan por tierra el mito del abuso. “Está completamente documentado que es en familias heterosexuales donde se da un mayor índice de abuso sexual”, informa Adriana Salguero.

Hay mucho qué hacer, distintos frentes qué cubrir para cambiar el orden social. Para Salguero, una de las líneas de acción primarias debe ser incorporar en los planes de estudio una amplificación del concepto “familia”, para incluir a las monoparentales, heterosexuales y a las familias gay.

“El problema real somos los adultos: el cómo reeducarnos, cómo darnos la posibilidad de cambiar nuestro pensamiento y dejar de ser el monstruo del que formamos parte todos, que interpela, que cuestiona, que con el sólo hecho de estar parado, aunque no hable, te hace el señalamiento de que eres diferente”, dice la psicóloga.

“Lo cierto es que pocos sectores aceptarán el cambio: el sector intelectual o algunos grupos con un nivel de escolaridad alto. Los grupos reacios, como la medicina, que es una de las más fuertes, seguirán marcando lo que es normal y todo lo demás no servirá”, dice la también jefa del departamento de psicología de la FES Iztacala.

Y concluye: “Es importante recordar que el comportamiento no es biológico, es social, se construye”. Por tanto, ya no es hora del debate o la discriminación, es tiempo de construir nuestro comportamiento a partir de la aceptación. Esto fomentará ambientes más sanos para los niños, quienes mañana, con la formación correcta, lograrán hacer la diferencia.

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