El mito de la depresión anaclítica

La psiquiatría ha comprobado que un bebé falto de caricias y amor puede sufrir deficiencias, sobre todo psicológicas y emocionales. La manifestación más grave de esta carencia es la llamada depresión anaclítica, que se observa principalmente en los niños durante su segundo semestre de edad y que en la última década ha sido casi erradicada.

La depresión anaclítica (DA) ocurre en niños que cursan el segundo semestre de vida y que, por circunstancias adversas, deben ser separados de su cuidador primario, que casi siempre es la madre. A la DA se le ha clasificado dentro de la depresiones infantiles equivocadamente, sobre todo porque es una enfermedad casi inexistente.

El mito de la depresión anaclítica

Y es que hace décadas, cuando por enfermedad de la madre se la tenía que separar de su hijo y viceversa, sin la posibilidad de permanecer juntos porque las reglas y la normatividad institucional eran muy rígidas, el comportamiento del bebé cambiaba de manera radical a partir de la tercera semana de separación.

Los principales síntomas de la depresión anaclítica son la pobre reactividad, llanto quejumbroso, constante, que primero es intenso y cuando no se da la respuesta que el bebé espera, se va apagando y se vuelve una suerte de quejido.

“También hay una pérdida de interés por el exterior, hay pérdida de peso, y se habla de que en los casos mas severos, puede haber una detención en el desarrollo, que a veces puede llegar a ser irreversible”, explica el doctor Sergio Muñoz, jefe del Servicio de Salud Mental del Instituto Nacional de Pediatría (INP).

“La descripción de la DA, también conocida como hospitalismo, surgió además en niños que estaban como expósitos en casas cuna”, dice el especialista. Detalla que no se puede hacer un diagnóstico de DA en niños menores de seis meses, porque durante el primer mes de vida, que se conoce como etapa indiferenciada del desarrollo, etapa de huevo cerrado o etapa de autismo normal, el niño prácticamente no tiene mayor relación desde el punto de vista de desarrollo psicológico.

“Es durante los primeros seis meses que se van dando una serie de ejercitaciones del desarrollo psicológico del aparato mental para poder establecer una relación con el otro”, dice Muñoz.

Según el psicólogo, más o menos a partir del segundo semestre de vida el niño ya tiene una introyección del otro, del objeto, de la persona que depende; entonces ya hay una diferenciación entre él y el cuidador primario, y logra ubicar que ese cuidador primario es quien lo provee y lo protege.

“Cuando viene una separación, es vivida por el bebé de una forma intensa. Hay una parte de la teoría de la observación de niños que se llama la angustia del octavo mes, y ante pequeñas separaciones del cuidador primario, el niño rompe en llanto en forma desesperada porque ya no tolera irse con cualquier extraño”, explica el jefe de Salud Mental del INP.

“En psiquiatría infantil, nos damos cuenta de esto con la cuestión del control del niño sano que llevan a cabo los pediatras. En los primeros seis meses que tienen que ver con esta etapa indiferenciada de reconocimiento, cuando el bebé es revisado por el pediatra, no pasa nada, porque cuando se lo pide a la mamá, el bebe se sonríe.

“A partir del segundo semestre de vida, el pediatra ya no tiene al mismo bebé. El proceso de desarrollo ya tiene otro tipo de expresión en la relación con el bebé. Esto tiene que ver con el segundo organizador de la psique infantil. Si pensamos en la dimensión del llanto que esas breves separaciones durante la consulta desata en el bebé, imaginemos ahora al bebé que es separado por días o semanas”, analiza el doctor Muñoz.

Es justo al notar estos cambios en los niños durante la etapa de depresión anaclítica, que se cambiaron las pautas en los hospitales para permitir a la madre quedarse junto al pequeño. Y es que la madre logra convertirse en un gran aliado para procedimientos difíciles, porque puede mitigar un poco la sucesión de dolor”, dice Muñoz.

Gracias a este cambio, se puede decir que el padecimiento, aunque se catalogue de manera equivocada dentro de las depresiones infantiles, “ya no existe”, declara el especialista en psiquiatría.

“Hoy, en los servicios de neonato se fomenta el abrazo, el acercamiento de la madre y, a veces, puede solicitársele al personal de enfermería que cumpla esta función: que pueda abrazar al niño, que le pueda dar un tiempo, sobre todo cuando la madre no puede estar porque tuvo que irse a su pueblo para atender a sus otros cinco hijos”, finaliza.

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