Por qué aumenta el suicidio en los jóvenes

El reporte que entregará México en el marco del Día Internacional Contra el Suicidio es que la incidencia de éste en los últimos años se ubica principalmente en niños y jóvenes. La atención primaria es inexistente, y la discriminación y maltrato que sufren quienes atentan contra su vida retrasa la ayuda para prevenir la ideación suicida, que, en el 49 por ciento de los casos, de acuerdo a especialistas, se desconoce la causa

La señora Ángeles recuerda que cuando Norma, vecina y amiga de su hija, llegó a tocar a la puerta de su casa no tenía nada extraño en su semblante. La dejó pasar a la sala y Norma se sentó. Luego de conversar un poco, la jovencita de 14 años recargó su cabeza en el respaldo del sillón y cerró los ojos.

De pronto, perdió el control de sus esfínteres y Norma se orinó sentada; se había desmayado. Ángeles llamó asustada al hermano de Norma para que se la llevara urgentemente con un médico. La joven dejó una nota suicida. No era la primera vez que intentaba suicidarse tomando pastillas, sólo que esta vez decidió ir a morir a la casa de su mejor amiga.

De acuerdo con Alejandro Molina López, especialista en urgencias en psiquiatría del Instituto Nacional de Psiquiatría (INP) Juan Ramón de la Fuente, el 90 por ciento de los casos de suicidio de la población en general ocurre debido a alguna patología psiquiátrica, y la más frecuente es la depresión relacionada a algún trastorno afectivo.

Por qué aumenta el suicidio en los jóvenes

Pero el sector que en México ha registrado un incremento constante en la práctica suicida es la población joven de entre 15 y 24 años de edad, con 28 por ciento de todos los suicidios en 2007, y los niños de cinco a 14 años que tienen en el suicidio la octava causa de muerte, así lo registra el Centro de Documentación e Información en Psiquiatría y Salud Mental (CDIPSM).

Guilherme Borges, investigador del INP, comenta, en los estudios del CDIPSM, que el incremento en estos sectores es importante y que “en cerca del 49 por ciento de los casos se desconoce la causa”. A decir de Molina López, una de las posibles causas del aumento es el hecho de que “se han perdido los valores y la falta de cohesión social”.

En este sentido, Roberto García Salgado, subdirector de equidad del Instituto Nacional de la Juventud, opina que “las formas en las que se va configurando la ideación suicida y después la conducta suicida son un problema propio de las circunstancias en las que se va dando”.

Asegura que aunque se está trabajando para apoyar a los jóvenes, “habría que involucrar otras áreas importantes como las oportunidades laborales, actividades académicas y espacios de esparcimiento para ellos; respuestas que desde luego han sido sectorizadas y que en otros momentos han sido poco viables”.

La poca viabilidad de programas de apoyo para la juventud mexicana se ve traducida en los 7 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, cifra que dejó al descubierto el doctor José Narro Robles, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México a finales de agosto de este año, contradiciendo la cifra oficial.

Según el doctor Molina, existen otras circunstancias que también favorecen el riesgo de suicidio: “A mayor juventud, sexo masculino, poco soporte familiar, presencia de drogas y de connatos de violencia previos, mayor riesgo de intentos suicidas”.

Suicidio desde etapa escolar

En el ámbito del suicidio infantil, diversos estudios evidencian que los intentos de suicidio se inician desde la etapa escolar. En niños, una de las causas más frecuentes, según Alejandro Molina, quien es también maestro en ciencias médicas por parte de la UNAM, es el denominada bullyng,que es el acoso constante entre compañeros de escuela y puede ir desde agresión verbal hasta física.

En la escuela, según un estudio de Secretaría de Educación del Distrito Federal, el bullyng se repite en 44 por ciento de los estudiantes, y el 99 por ciento es receptor, generador u observador de este tipo de conductas agresivas, que son repetitivas e intencionales

Algo que siempre está presente es que quienes reciben este tipo de violencia psicoemocional o física, amedrentamiento, exclusión o indiferencia, es la depresión, lo que afecta el rendimiento escolar y ha sido la causa de deserciones, explica.

Para Gabriela Rodríguez Zúñiga, coordinadora del Programa de Escuelas sin Violencia, el peligro que corren los niños ante la indiferencia de los padres y los maestros es que pueden tener tal afectación psicológica que presentan cuadros depresivos que los llevan al intento de suicidio.

Para detectar si un niño está siendo víctima de esta práctica, las señales que se deben atender son desinterés por la escuela, bajo rendimiento, marcas de golpes, materiales escolares rotos, objetos perdidos y dificultad para dormir.

Otro aspecto que propicia conductas suicidas entre la población infantil es la influencia negativa de los medios. “Hoy cualquier niño puede entrar a internet. Todos los papas están preocupados por la pornografía, y no se dan cuenta de que hay otro tipo de información que es perjudicial”, dice Molina.

“Hay páginas en internet que tienen como rasgo fundamental las conductas de suicidio, y cada vez proliferan más grupos de adolescentes que pueden hacer de la conducta suicida un ritual de identidad. Cuando un adolescente quiere cuadrar en un grupo social, realiza cualquier rito para ser aceptado.”

Subregistro en prisiones

Otro grupo vulnerable al suicidio es el de los presos. Según un estudio que presentó el Open Society Institute en 2007, en Monterrey, la tasa de suicidios de las prisiones en México es ocho veces más alta en comparación con las personas en libertad.

Sobre el tema, Juan Buenrostro, funcionario de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, asegura que en los seis penales bajo la jurisdicción federal “no se ha registrado un solo suicidio en lo que va la administración del presidente Felipe Calderón”.

Alejandro Molina rebate esta declaración: “No es lo mismo que no haya suicidios en las presiones a que haya un subregistro. En México, este tipo de eventos se suelen reportar bajo otro nombre y eso también ocurre en la población en general. Cuando un muchacho se suicida, su familia prefiere poner en el acta de defunción que fue un accidente”.

La negación del suicidio es una de las razones por las que no se tiene la certeza de que las tasas actuales de suicidio en general sean en realidad relativamente bajas, a decir de Molina López.

“Considero que entre los presos sí puede haber suicidios, pero el detalle es el siguiente: un preso que se suicidó es equivalente a una falta de supervisión de los guardias, a un descuido, entonces, decir ‘este preso se suicidó’ es como decir ‘aceptamos que es nuestra responsabilidad’, por eso los suicidios se registran como muertes violentas, por enfermedad, y el resultado es que no se tienen registros”.

6 millones de suicidas potenciales

Aunque en el CDIPSM se consigna que la epidemiología del suicidio en México se acerca de manera peligrosa a los índices de países que históricamente han encabezado las tasas de recurrencia de este fenómeno, toda vez que se ha estimado sobre muestras poblacionales que 6 millones 601 mil 210 mexicanos tuvieron ideación suicida, 593 mil 600 intentaron suicidarse y 99 mil 731 utilizaron servicios médicos como consecuencia de un intento de suicidio en 2007, Molina López asegura “que aún no nos encontramos en esos niveles”.

Y es que “en países de Europa como Finlandia o Hungría, el suicidio es frecuente porque sus habitantes están más preocupados por destacar, por ocupar puestos importantes, tienen menos cohesión social; además, todos hemos escuchado hablar de que en esos países la gente es más fría”.

“Mientras tanto, México aún posee muchos factores de protección contra este problema, la pobreza es uno de ellos”. Ser pobre es algo que nos aleja de la competencia y la industrialización, factores que disminuyen la cohesión social. Aunado a esto, en México todavía creemos fuertemente en la familia”, comenta Molina.

Pero no es suficiente atenerse a los valores para enfrentar este problema. Molina López opina que se deben atender asuntos como la enseñanza: “Todavía nos falta bastante en cuestión de capacitación, no sólo a los médicos, sino a todo el personal de salud que tiene que ver con pacientes en los tres niveles de atención, sobre todo en el comunitario, que es el que más volumen de pacientes atiende”.

Y continúa: “Nos falta desarrollar otro tipo de programas, como uno que manejan en Canadá llamado Gatekeeping Training o entrenamiento centinela, en donde no sólo se capacitan a los médicos, sino también a las personas en las comunidades que tratan con grupos como sacerdotes, ministros y maestros”.

“También sería importante alejar al individuo de las posibilidades de suicidarse por medio de las restricciones de armas de fuego o, por ejemplo, poner protecciones en los puentes donde comúnmente saltan”.

Y es que se sabe que una de las causas de la incidencia del suicidio depende también del fácil acceso que tenga la población a medios para suicidarse, “como en Sri Lanka, que es un país en donde conseguir pesticidas es muy fácil por ser un país agrícola. Por eso, la tasa de suicidio rebasa incluso la de los países europeos”, dice el especialista.

Fomentar la prevención del suicidio es cosa difícil, sobre todo en los hospitales generales, “porque las personas que tratan de suicidarse son discriminados en los servicios de urgencia donde hay médicos que dicen ‘aquí atendemos nada más a gente que quiere vivir’.

“Vemos una vez más que por la falta de capacitación y, sobre todo, de sensibilización, los pacientes no externarán nunca sus ideas suicidas porque temen que se les tache de locos”, explica el psiquiatra.

En este sentido Molina enfatiza que “no se debe tildar de loca a una persona que dice que se va a suicidar. Es un mito terrible creer que una persona que amenaza con suicidio no lo va a hacer. Es un grito de ayuda. La regla de oro que se debe seguir es: “Toda comunicación de suicidio debe ser tomada en serio”, finaliza.

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